miércoles, 16 de mayo de 2018

Solo tres días




Aflige la pequeña distancia, aflige la pequeña ausencia. Un día sin tu abrazo no es un día completo.
Le falta color al día, le falta alegría al momento, no me encuentro sin encontrarte, no te busco y me pierdo. Las cuatro y media y no voy, no hay que ir porque estás en otro sitio, cerca, pero para mí un universo. Van a ser tres días sin la música de tu risa, sin tu llamada, sin tu mirada.
Me he acostumbrado a rodearme de esos bracitos que cada día son más fuertes, me he acostumbrado que tu pelo roce mi cara y me haga cosquillas, me he acostumbrado a juntar mi nariz con la tuya y jugar a que somos cíclopes mirando a Ulises, tanto me he acostumbrado que solo tres días es un eón sin oírte.
Pronto pasará, pasara en breve, pero es que en la casa hay un silencio pesado que duele, hay una camita vacía que ni mirar puedo sin echarte aún más de menos. Puede que exagere y que las cosas son más sencillas, pero como explicar lo que cuesta levantarse y no encontrarte para darte un beso y decirte un te quiero; ese rito mío al alba que da sentido a los días en que el trabajo a los tres nos separa.
Y qué alegría, que maravilloso momento cuando al fin vuelves, cuando te encuentro en ese abrazo que he imaginado, cuando respiro en tu espalda, cuando me cuentas tus días y me acompañas. Que hermosa es la vuelta cuando tanto te he echado en falta. Mañana sí que me asomaré a tu cama y mientras veo como respirar me regalarás calma.

Solo tres días y ya estás en casa.

Te quiero.

jueves, 1 de febrero de 2018


Se acabó, primera prueba superada. El bicho no ha vuelto y lo tengo a raya, he ganado la batalla y solo queda esperar que también la guerra.
Ahora solo quiero ver sonrisas, quiero ver ojos alegres, quiero dar abrazos sin pensar que, tal vez, estuvieran contados. Quiero mirarlas sin pensar que me pueden perder, quiero que sean felices porque les voy a acompañar en este duro camino, en esta vida llena de tantos problemas que nos crean y nos creamos. Quiero ver llover sin añoranzas y sin nostalgias, quiero gozar del sol con todas las ganas. Quiero morirme de amor cuando mi hija me diga que quiere y quiero emocionarme por ello y no apenarme por poder pensar en la caducidad de mis días que la hagan sufrir.
Esto no ha acabado, pero es un paso importante, muy importante. Veo esperanza casi en los mismos días que, hace un año, veía sombras. Se acabaron los goteros, los cansancios y las nauseas, espero que para siempre.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Ondea que te ondea



El ser humano como individuo puede ser genial, inteligente, brillante. En masa se convierte en un número más sin pensamiento propio, embrutecido, cegado, irracional, estúpido.
En estos días en los que peleo contra la química hay gente que pelea contra el sentido común. No sé, a veces me da la sensación de que los humanos experimentamos una involución.
Banderas en balcones que festejan que otros la utilicen para tapar sus vergüenzas, banderas con más o menos franjas tienen detrás una persona que bajo la excusa de un sentimiento puede insultar, menosprecias e incluso agredir por un ideal que otros crearon para perpetuarse en el poder.
La vida es corta y seguimos perdiéndola en discusiones estúpidas, en nacionalismos estériles sin tener en cuenta que lo importante es disfrutar de lo más preciado que tenemos, pensando que el resto de la gente también tiene derecho a pensar como quiera, que lo importante es respetar, convivir, comprender y dialogar. Sin embargo,el habla, ese don de la mujer y el hombre se utiliza tan solo para arengas y consignas fatuas, para mentiras que tapan mentiras, amenazas contra amenazas, estulticias que denotan ansias de poder y, mientras, el pueblo utilizado, una vez más para con sus banderas tapar las vergüenzas de los déspotas y corruptos, de los inoperantes incapaces de gobernar para quienes les pagan.
Entre tanto, en el día a día, rostros huecos te saludan de buena mañana, malos modos, malas formas, egoísmo, mala educación. Cigarros en los parques, excrementos en la puertas de los colegios, un padre enseñando a su hijo a torear mientras mi pequeña princesa republicana reprende con rapaz a un pequeño monstruo que maltrata un árbol. Muchos de los que escupen en la calle mientras te apagan el cigarro en la espalda a la vez que su perro te mea el portal, también tienen banderas en su balcón, como formando parte de esta pútrida patria, capaz de tanto bueno y tanto malo. Capaz de crear una obra de arte y de liarse a tiros formando un millón de cadáveres, mientras todavía hay quien alardea de falangista sin tener la más remota idea de lo que habla. País de charlatanes, mentirosos, picaros y caciques, pero también país de genios que se lamentaban de lo que este país es.

Menos banderas y más vida, más pelea por la igualdad y por el bien común y menos engordar el ego de inútiles avariciosos.