martes, 9 de mayo de 2017

Voces y palabras



Gritas en silencio, de a poquito, necesitas palabras. La buscas en recuerdos, en momentos, en gente que te acompañó y que te acompaña en algún momento, que te conocen y aprecian y ahí encuentras ánimo y consuelo. Optimismo y alguna sonrisa, palabras de apoyo y cariño. Te alegras de contar con ellos y de tenerlos ahí, entre bastidores pero siempre dispuestos a actuar en cuanto les de un papel en tus vidas. Papeles principales que en estos momentos das a quienes te ofrecen sus voces cargadas de amor y de palabras llenas de ternura, a mi gente, al rinconcito en el que me refugio de la rutina, lleno de sonidos dulces, infantiles y cariñosos.
No es deseable, pero como de rondón, cuando estás con la guardia baja se meten en tu vida voces negativas que hacen daño,que no pides, que no quieres. Y sin embargo insisten, empujan y se quieren colar. A duras penas eres capaz de acaparar optimismo ante el futuro próximo y hay palabras que negativizan el ambiente, que convierten minutos en horas. Palabras que se erigen en protagonistas, un protagonismo que tú le niegas, voces que no necesitas escuchar y se empeñan en sonar. Te laceran, te dañan, te arrebatan la alegría. Y te preguntas porqué. Hay voces que resuenan en mi vida hace más de treinta años y saben como animar desde la prudencia y hay voces imprudentes que quieren destrozar tu ánimo. No les doy animo doloso, pero es mejor callar cuando no se piden palabras. Sobre todo cuando el que escucha no quiere escucharte porque no sabes quien es, ni que siente, ni que piensa. Y te quedas con ganas de gritar y mandar muy lejos a esa voz y esas palabras.
Pero como siempre, tras la batalla están los ojos como lagunas donde me sumergo y me tranquilizo, me dejo acunar por perfumes infantiles y constelaciones irreales que decoran la noche. Y me recupero, en el rincón tranquilo donde pertenezco y donde soy. Lejos de los rastrojos de la mediocridad del día a día.

Todo irá bien. Por ellas, por mí.



jueves, 23 de febrero de 2017

Ahí estás tú


Hay aromas que se pierden al doblar la esquina del pasillo pero a pesar del perfume, ya hace un rato que te fuiste. Y al rato, aunque suenen ruidos en el rellano, ya no eres tú. La tarde es veloz en el tiempo, y se pierde sin poder sacarte una sonrisa y me siento como entre dos aguas; el deseo de que ria nuestra niña y el anhelo de verte.
Las sombras se vuelven lánguidas y la tarde se va tornando noche, a veces el ocaso me sorprende entre los árboles verdes de un parque, vigilando carreras y saltos, en otras ocasiones entre estantes de productos, empujando un carro a la vez que socavo la paciencia de la pequeña, a la cual no he sido capaz de regalarle una tarde divertida. Ella también te echa de menos, no es fácil renunciar tantas tardes a tu magia, a tus poderes maternos.
Y cuando la casa empieza a oler a gel infantil y se escucha correr el agua: ahí estás tú. Cansada pero sonriente, con algo que contar, con algo que decir. Se produce el precipitado intercambio de palabras entre madre e hija, intentando contarse todo lo que no se pudo, un resumen diferido de las cosas del día. Hasta los gatos van hacia a ti contarte sus cosas felinas. Y yo, que te he echado de menos una barbaridad, me quedo al socaire del cansancio, laxo, sin saber que tú también necesitas que te pregunte y te cuente. Que nos contemos. A veces los días nos separan tanto físicamente que cuesta encontrarnos a la vuelta. Cuando lo que debería hacer era abrazarte y decirte que seguí tu perfume por el pasillo deseando que no te hubieras ido, que me dio mucha pena ver tu parte del sofá vacía, que te necesito tanto que a veces creo que no es necesario decírtelo, pero sí que debo hacerlo.

Me encantan las tardes en que estás y te tengo.

TQ