miércoles, 26 de julio de 2017

Efectos secundarios



El último lunes de mayo empecé la pelea contra ese bicho de letras grandes y temibles. Nombrarlo es como nombrar a algunos de esos seres de leyenda, malvados y crueles que parece que mencionarlos supone exponerte a que te encuentren. Pero, como esos monstruos ficticios, éste contra el que peleo, es vulnerable.
Cuando te dicen que te ha atrapado te sientes extraño, disperso, etéreo. Sientes que tu camino se corta, que tienes que cruzar un precipicio que no podrás saltar nunca, pero lo saltas. Un muro enorme que tienes delante de ti y tienes que derribar. Y empieza el baile. En esta batalla no estás solo, te acompaña quien te quiere que te infunde ese ánimo imprescindible, te da fuerzas tu niña que sin hablar te lo dice todo, enganchada a un gesto nervioso que te araña el alma y te hace fuerte para pelear por lo que venga. Los médicos, esos seres mitológicos que con dos palabras te dan esperanza y en la tercera te están curando. Unas manos mágicas que de pronto te han quitado el cangrejo de dentro y sin apenas padecimiento te han devuelto el color a tu rostro. Gracias.

Ahora he empezado la lucha preventiva, una lucha más larga, paciente y pesada. A la espera de llevarlo bien y que los efectos secundarios no me sean demasiado adversos. El primer paso está dado y mis ánimos al cien por cien. Tengo mucha ayuda en casa, dos mujeres que me dan la vida a golpe de cariño por lo que cada mililitro de tratamiento lo revierto en esperanza para que Sauron no vuelva. Es fácil asimilar los fármacos cuando no estás solo mientras lees los mensajes de cariño que me han llegado por todas partes. Qué sencillo es sentarte en la sala del hospital de día cuando tu mujer te sonríe sin descanso, te acompaña, te da todo el aliento. Mientras nuestra mujercita, desde su rincón infantil juega a que su papá está de nuevo al cien por cien y volvemos a ir a la piscina, al parque, a la playa; mientras desea que vuelva a casa solo por recibir mi abrazo. Ella solo quiere abrazarme sin que me duela nada.

Esto no ha hecho más que empezar, pero quien pega primero pega dos veces y a este ser maligno lo tengo contra las cuerdas, casi en la lona, casi en la cuenta de diez.

Ya no me siento etéreo, ya no me siento desaparecer, ya veo el muro con grietas y en el precipicio veo un lugar por donde pasar. Veo más sonrisas, veo mi futuro más brillante que nunca.


Voy a ganar. Por mi, por ellas.

martes, 9 de mayo de 2017

Voces y palabras



Gritas en silencio, de a poquito, necesitas palabras. La buscas en recuerdos, en momentos, en gente que te acompañó y que te acompaña en algún momento, que te conocen y aprecian y ahí encuentras ánimo y consuelo. Optimismo y alguna sonrisa, palabras de apoyo y cariño. Te alegras de contar con ellos y de tenerlos ahí, entre bastidores pero siempre dispuestos a actuar en cuanto les de un papel en tus vidas. Papeles principales que en estos momentos das a quienes te ofrecen sus voces cargadas de amor y de palabras llenas de ternura, a mi gente, al rinconcito en el que me refugio de la rutina, lleno de sonidos dulces, infantiles y cariñosos.
No es deseable, pero como de rondón, cuando estás con la guardia baja se meten en tu vida voces negativas que hacen daño,que no pides, que no quieres. Y sin embargo insisten, empujan y se quieren colar. A duras penas eres capaz de acaparar optimismo ante el futuro próximo y hay palabras que negativizan el ambiente, que convierten minutos en horas. Palabras que se erigen en protagonistas, un protagonismo que tú le niegas, voces que no necesitas escuchar y se empeñan en sonar. Te laceran, te dañan, te arrebatan la alegría. Y te preguntas porqué. Hay voces que resuenan en mi vida hace más de treinta años y saben como animar desde la prudencia y hay voces imprudentes que quieren destrozar tu ánimo. No les doy animo doloso, pero es mejor callar cuando no se piden palabras. Sobre todo cuando el que escucha no quiere escucharte porque no sabes quien es, ni que siente, ni que piensa. Y te quedas con ganas de gritar y mandar muy lejos a esa voz y esas palabras.
Pero como siempre, tras la batalla están los ojos como lagunas donde me sumergo y me tranquilizo, me dejo acunar por perfumes infantiles y constelaciones irreales que decoran la noche. Y me recupero, en el rincón tranquilo donde pertenezco y donde soy. Lejos de los rastrojos de la mediocridad del día a día.

Todo irá bien. Por ellas, por mí.



jueves, 23 de febrero de 2017

Ahí estás tú


Hay aromas que se pierden al doblar la esquina del pasillo pero a pesar del perfume, ya hace un rato que te fuiste. Y al rato, aunque suenen ruidos en el rellano, ya no eres tú. La tarde es veloz en el tiempo, y se pierde sin poder sacarte una sonrisa y me siento como entre dos aguas; el deseo de que ria nuestra niña y el anhelo de verte.
Las sombras se vuelven lánguidas y la tarde se va tornando noche, a veces el ocaso me sorprende entre los árboles verdes de un parque, vigilando carreras y saltos, en otras ocasiones entre estantes de productos, empujando un carro a la vez que socavo la paciencia de la pequeña, a la cual no he sido capaz de regalarle una tarde divertida. Ella también te echa de menos, no es fácil renunciar tantas tardes a tu magia, a tus poderes maternos.
Y cuando la casa empieza a oler a gel infantil y se escucha correr el agua: ahí estás tú. Cansada pero sonriente, con algo que contar, con algo que decir. Se produce el precipitado intercambio de palabras entre madre e hija, intentando contarse todo lo que no se pudo, un resumen diferido de las cosas del día. Hasta los gatos van hacia a ti contarte sus cosas felinas. Y yo, que te he echado de menos una barbaridad, me quedo al socaire del cansancio, laxo, sin saber que tú también necesitas que te pregunte y te cuente. Que nos contemos. A veces los días nos separan tanto físicamente que cuesta encontrarnos a la vuelta. Cuando lo que debería hacer era abrazarte y decirte que seguí tu perfume por el pasillo deseando que no te hubieras ido, que me dio mucha pena ver tu parte del sofá vacía, que te necesito tanto que a veces creo que no es necesario decírtelo, pero sí que debo hacerlo.

Me encantan las tardes en que estás y te tengo.

TQ



jueves, 6 de octubre de 2016

Menos mal que existes



Están siendo días convulsos, te haces mayor y tu cabeza es un bullir de cosas. Tienes que reafirmar tu personalidad, tú ser y lamentablemente no es fácil ser niña en un mundo de estrés, relojes despiadados y cansancios. Son demaisados obstáculos para las conversaciones, preguntas y juegos. No es justo, las normas que imperan en este mundo van en contra de la felicidad. Lo peor, cuando te quieres dar cuenta ya no eres un niño y tu mundo se ha convertido en el mismo lugar inhóspito y aburrido que el de tus mayores.

En ese mundo infantil, tan tuyo, tan precioso. En ocasiones se meten monstruos, esos que cuando te haces mayor asustan menos, pero que cuando eres pequeño es absolutamente aterrador. Un día el miedo se esconde en un pequeño animal, otro día en una película, o en un libro, o en un vídeo. Cuando llega la noche, los miedos se desatan y te hacen hasta llorar. Algo absolutamente normal. Hablamos en susurros intentando calmarte, el desconsuelo es doloroso y tus lágrimas queman mi corazón. Te abrazo, te hablo, te escucho. Entonces me dices "menos mal que existes". Y me vuelo a agarrar a la felicidad más absoluta y la abrazo mientras te abrazo a tí. Lo paradójico es que yo doy gracias a la vida porque existes tú, y lo hago cada minuto del día, que me gustaría hacerte muy muy feliz, que me gustaría regalarte la vida más maravillosa, que me encantaría ser menos gruñon, más comprensivo, mejor padre. Y tú, estando ahí, aún en el momento de más temor por tus posibles pesadillas me vuelves a regalar un frase para enmarcar, para que no pueda dejar de pensar en ti un solo segundo, para que sueñe contigo, para que sepa que me has enseñado lo que significa querer de verdad. Menos mal que existes tú y no tengo que imaginarte, no tengo que buscarte, no tengo que desear que estés. Menos mal que existes tú y el mundo puede girar sin tropiezos, con la esperanza que tú lo hagas mejor día a día, menos mal que existen tú, para recordarme que tengo un reto, una obligación, una responsabilidad, una meta: Cuidarte.

Es la segunda frase para la historia que me regalas, esas palabras que llegan y se quedan, que están conmigo para siempre.


Menos mal que existes y te quiero sin parar.

Gracias hija.

martes, 14 de junio de 2016

Luces de cambio




No es una sensación agradable tenerte que ir porque no te valoran. Pero, al mismo tiempo, lo más importante es que te puedes ir. Se acaba la etapa de ser una especie de mueble, apartado, consumiéndose en las horas largas de los rutinarios días. Cambio de lugar, no sé si será para bien, lo que sí que sé es que será para hacer más.

Dejo atrás muchas cosas vividas en este edificio, cosas que me ocurrieron fuera. Si en mi anterior etapa, la vida laboral y la personal anduvieron muy unidas, regalándome episodios maravillosos, después que me ocurriera lo peor de mi vida. En esta etapa, todo lo bueno ha ocurrido fuera. Lo mejor de mi vida.

La vida tiene estas cosas, el cambio aquí, me trajo la desidia en lo laboral, y la luz en lo personal. Enamorarme como la primera vez y tener en nuestras vidas la niña más maravillosa que puede existir. Mientras aquí, en el trabajo, todo era gris y oscuro, fuera de él todo era (es) luminoso, perfume infantil, abrazos, besitos y dibujos animados. Cariño primordial, ganas de querer hasta reventar.

Me marcho de aquí con ganas de irme, con ganas de sentirme útil en mi puesto de trabajo, que no me traten como tonto. Me voy buscando poder tomarme un café con un compañero que no guarde ases en la manga, de poder hablar con gente que anduvo en mi vida cuando era feliz trabajando. Será genial poder ser feliz fuera y dentro del trabajo, de venir a trabajar para resolver problemas, para dar algo de lo mucho que tengo dentro. Aunque sea únicamente el músculo de mis piernas para llevar papeles de una punta a otra. De sentir el sol en la cara y la brisa secando el sudor. De poder revivir.

Queda ya muy poquito, y pronto, muy pronto escribiré un nuevo episodio en el que podré contar nuevas vivencias, nuevos problemas, nuevos compañeros. Ojalá la etapa sea propicia.



lunes, 9 de mayo de 2016

Se paró el tiempo



Le gustaba la lluvia, como a mí. Los días como el de hoy, le encantaban. Como a nosotros celebrar el nueve de mayo con él. Hoy hubiera hecho 76 años, pero no los puede hacer; no le dejó.

No es la primera vez que escribo, un poquito, sobre él. No me suele gustar hacerlo en su cumpleaños. "Cumpleaños", qué contrasentido. Va a hacer 13 años que su reloj se paró y solo convive con nosotros su recuerdo, afortunadamente los mejores recuerdos; que son una miriada.

Le echo de menos, todos los días y me acuerdo de él,como sin querer. Un recuerdo dulce, como de chicle de fresa infantil, de madera de cine de barrio, de música en la radio. Me acuerdo de él cuando huelo el pan recién hecho y me como una rosquilleta, cuando voy a la playa y me entra el agua en la nariz. Me acuerdo mucho de él al escuchar a Ennio Morriconne, al ver "Rio Bravo" o "Los siete Magníficos". Me acuerdo de él cuando pierde el Real Madrid y la gente se alegra, porque sin querer me enfado. Me acuerdo mucho de él cuando llueve y las gotas de lluvia forman burbujas en los charcos. En muchos rinconcitos de mi cotidianiedad aparece él, como escondidito detrás de una vieja canción de Antonio Molina o una noticia que habla de José Luis Moreno. Me acuerdo de él cuando miro a su nieta, porque en ella hay algo de él.

No puedo gritar feliz cumpleaños, porque él no está y su yo eterno se quedó parado en el año 2003, pero sí que puedo acordarme de él y dedicarle unas frases que, aunque él no las pueda leer, estoy seguro que le hubieran encantado. O, tal vez, sí que las lea, a través de mís pensamientos, a través de mi consciencia. En todo caso, creo que se merece que, de vez en cuando, su hijo les dedique un ratito. Soy muchas cosas gracias a él, pero sobre todo aprendí a valorar las pequeñas cosas.

Te sigo echando de menos y eso no va a cambiar.

Te quiero.

viernes, 15 de abril de 2016

Otra tarde



Borbotones cálidos y frescos por igual. La brisa en el aire y el sol luciendo hacia el ocaso, un ocaso ya tardío en las tardes de abril. Lugares comunes que trasfieren un aire de tranquilidad, la relajación hace mella y me dejo de llevar por su voz. Adivinanzas que se repiten y esbozamos una sonrisa, la magia de adivinar lo que se conoce como algo nuevo, como un juego que se repite y que nunca cansa. Ella tenía ganas de llegar y allí fuimos. Algo de decepción en un principio, pero diversión después. A veces llega la inspiración mirando un helicoptero de atrezzo. Qué feliz que estaba paseando por la pista, subida a lomos de una moto de mentira. Luego nos reimos como locos por culpa de una bola que no se movía, lásstima de un postrero tropezón y de un golpetazo mal dado que nos hizo estar un poco preocupados, afortunadamente un parque en el camino y el frescor de la tarde nos devolvió la sonrisa, la tranquilidad y el color.

El pasado se entrecruza con el presente y los sitios conocidos nos traen recuerdos mezclados. Sabor a pasado tristón de verano, a inviernos en soledad, a otoños lluviosos sorteando charcos. Ventanas cerradas al azul celeste, solas, vacias. Sensaciones diversas sobre cosas distintas, amores rotos, corazón herido. Tristeza enorme de días aciagos que duelen menos cogidos de su mano. Realmente amortigua los malos recuerdos jugar al veo veo, aunque, como en mi caso, sea vapuleado una y otra vez por el ingenio de una niña de seis años. Lo más importante es verla reir, porque egoistamente también me hace reir a mí. Y de pronto, también acuden a mí recuerdos preciosos que iluminan el atardecer. El día se va a convertir en inolvidable gracias a esas pinceladas de verde y naranja, gracias a esos olores que de pronto son dulces y agradables. Que extraña es la ciudad que cambia con nuestro estado de ánimo. En menos de 25 metros atravesé un tunel del tiempo en el que las vivencias giraron para traerme a una palabra que empezaba con la r y que no logré adivinar. Es curioso el tiempo, sobre todo cuando la palabra que tienes que adivinar es reloj. Que bien me sentí, y que complicado es expresar esa feliciad que aún hoy, un día después, perdura como sensación del bienestar más absoluto. Un levitar en el caminar mientras los pulmones se llenan de vida.

Ella hace que las cosas más sencillas adquieran dimensiones maravillosas. Ojos que se sorprenden al pasar por una pasarela que sobrevuela una avenida, esa inteligencia ávida por aprender cualquier cosa. Inquietud y creatividad. Mágia en la mágia, luz y cariño.

Otra tarde que me ha regalado esa personita que quiero hasta el infinito, y no es broma, no creo que se pueda medir el amor que siento por ella. No se puede.

Guardaré la tarde en un cofre que tengo de los días imprescindibles. Esa colección que se agranda desde que la vida nos dio este grandioso regalo, desde que forma parte de nuestras vidas.

Gracias hija.